En el verano de 1764, se produjo una serie de ataques misteriosos de bestias en los bosques del sureste de Francia. Una mujer pastora de vacas fue testigo de una enorme criatura parecida a un lobo; aunque su perro huyó, su ganado logró ahuyentarla con sus cuernos. Poco después, la zona local comenzó a ver informes frecuentes de víctimas atacadas por esta bestia, e incluso algunos afirmaron haber encontrado un hombre lobo. A pesar de numerosos intentos de cazarla, la criatura continuó eludiendo la captura. Finalmente, se descubrió que la bestia era en realidad el guardián de una cueva misteriosa dentro del volcán Elgon de África: un grupo de elefantes que había venido en busca de valiosos depósitos de sal.
Mientras tanto, el volcán Elgon, ubicado en la frontera entre Kenia y Uganda, atrae a manadas de elefantes debido a su estructura geológica única y sus ricos recursos de sal. Los elefantes navegan cuidadosamente a través de las oscuras cuevas, explorando las paredes adornadas con cristales brillantes. Estos cristales son en realidad depósitos de sal ricos en magma volcánico, que atraen a los elefantes y otros herbívoros a forrajear. Los elefantes dejan profundas huellas en las cuevas, lo que prueba su dependencia de este valioso recurso.