La primavera pasada, mis amigos y yo fuimos de excursión a la Montaña Ling en el condado de Xingguo, en la provincia de Jiangxi. El paisaje era encantador, con arroyos murmullantes y paisajes vibrantes que parecían una pintura viva. La Montaña Ling presenta formaciones típicas de Danxia, con rocas rugosas y arroyos de agua cristalina, llenos de encanto natural.

Seguimos los senderos serpenteantes, con la luz del sol filtrándose a través de las copas de los árboles y proyectando reflejos dorados en el agua. De repente, vi algo blanco en el agua poco profunda. Al mirar más de cerca, me di cuenta de que eran algunos carpas crucianas. Según un dicho local, 'En abril, las carpas crucianas toman el sol', lo que significaba que estaban desovando. Justo cuando iba a acercarme para observar, los peces se asustaron y huyeron.

No pasó mucho tiempo antes de que notara algún movimiento en una grieta de la roca. Al mirar de cerca, vi un par de ojos azules brillantes que me miraban. Luego, una figura dorada pasó rápidamente frente a mí y aterrizó silenciosamente al otro lado del arroyo. Mi amigo exclamó: '¡Vaya, una zorra!' Inmediatamente salté sobre el arroyo, ansioso por ver a la hermosa zorra, pero ella corrió hábilmente, mirando hacia atrás de vez en cuando.

Comencé a perseguir a la zorra, con el arroyo claro revelando peces asustados nadando en todas direcciones. El entorno estaba extrañamente silencioso, con solo mi respiración pesada resonando en el valle. Después de un rato, la zorra finalmente se detuvo en una colina, me miró con una expresión traviesa y luego se alejó con paso tranquilo. Me quedé allí, momentáneamente perdido en mis pensamientos, como si estuviera en un mundo diferente.

Mi amigo explicó que la zorra intentaba proteger a sus crías llevándome lejos. Me sentí reacio a molestarlo más; había asumido un riesgo para jugar conmigo por amor a sus hijos. Este viaje a la Montaña Ling me dejó una impresión duradera.