En la década de 1950, geólogos de la UNESCO descubrieron fenómenos increíbles en los Andes de América del Sur. Encontraron numerosas cuevas en nichos talladas con cabezas humanas, cada una del tamaño de un puño. Exámenes de cortes fisiológicos revelaron que estas cabezas compartían la misma estructura celular que la de los adultos. La existencia de estas pequeñas cabezas planteó preguntas significativas: ¿cómo podrían ser tan pequeñas las cabezas de los adultos? Este fenómeno desconcertó a los expertos, quienes especularon que podría ser alguna especie enana desconocida o incluso un remanente de humanos antiguos.
Aún más sorprendente fue el descubrimiento en 1934, cuando dos empleados en Alaska encontraron un cuerpo momificado de una persona pequeña en una formación rocosa en las Montañas Rocosas. Este cuerpo medía solo 48 centímetros de altura, tenía piel de color cobre y una estructura esquelética similar a la de los humanos, pero con características de cabeza inusuales. Los científicos confirmaron a través de imágenes de rayos X y diversas pruebas que este era, de hecho, el cuerpo momificado de un hombre de más de 60 años. Estos hallazgos generaron amplias discusiones sobre la existencia de un país de pequeños, pero, en última instancia, los científicos concluyeron que estas pequeñas cabezas eran el resultado de las prácticas de reducción de cabeza de los indígenas Shuar.
Los investigadores también indagaron en las leyendas indígenas locales, y muchas tribus compartían historias sobre un 'país de pequeños', describiéndolos como feroces y hábiles en el tiro con arco y emboscadas. Sin embargo, más científicos creen que estas historias de pequeños son meras leyendas ficticias en lugar de un reflejo de la realidad.