En la mañana del 5 de diciembre de 1966, el sol brillaba intensamente sobre el tranquilo pueblo de Cuddyersburg, Pennsylvania. Don Guccini, un empleado de la compañía de gas, estaba realizando su revisión rutinaria del medidor de gas cuando descubrió que el doctor Bentley, de 94 años, había fallecido y su casa estaba llena de un extraño olor. Al entrar en la cocina, Guccini encontró un montón de cenizas negras y un agujero oscuro, con los dos bastones del doctor tirados cerca. Aún más asombroso fue el hecho de que el cuerpo del doctor se había reducido a cenizas, quedando solo su pierna derecha intacta en el suelo. Aterrorizado, Guccini llamó rápidamente a la policía. Cuando llegaron, no pudieron explicar el fenómeno y finalmente cerraron el caso de manera apresurada. Hasta el día de hoy, los científicos siguen explorando los misterios de la autoinmolación humana.