En la mitología, muchas deidades son representadas con tres ojos: dos ojos normales y un tercer ojo ubicado en la frente, que se cree que posee poderes supremos. Aunque los mitos están lejos de la realidad, te sorprenderá saber que tú, yo y muchos otros, a pesar de no ser deidades, también poseemos un 'tercer ojo'.

El paleontólogo griego Oervitz descubrió un pequeño agujero sobre las cuencas oculares del cráneo de un pangolín gigante, dispuesto en un patrón que recuerda a un carácter del idioma chino. Esto despertó su interés y, tras más investigaciones, se demostró que era una cuenca ocular degenerada. Este descubrimiento causó un gran revuelo en la comunidad biológica, llevando a científicos de todo el mundo a investigar más. Las investigaciones han demostrado que los peces, anfibios, reptiles, aves, mamíferos e incluso los humanos poseen un tercer ojo. Muchas personas olvidan este tercer ojo o nunca han considerado su existencia porque ya no está ubicado en la superficie de la cara; en cambio, está profundamente incrustado en la parte superior del cerebro, conocido como la glándula pineal.

El tercer ojo humano se ha transformado en una glándula única y especializada. Aparte de la glándula pineal, ninguna otra glándula en el cuerpo contiene células en forma de estrella. Estas células en forma de estrella no son ordinarias; son abundantes en los hemisferios cerebrales. Sin embargo, la relación exacta entre las glándulas y las células nerviosas sigue sin estar clara.

Aunque las funciones del tercer ojo difieren significativamente de las de los otros dos, todavía hay una conexión. La glándula pineal es altamente sensible a la luz solar y está vinculada a los ojos a través de fibras nerviosas. Cuando la luz solar es intensa, la glándula pineal se inhibe y secreta menos melatonina; por el contrario, durante el tiempo nublado, secreta más melatonina.

Además, los investigadores han encontrado partículas cristalinas de calcio, magnesio, fósforo y hierro dentro de la estructura del tercer ojo. Los recién nacidos no poseen esta peculiar sustancia conocida como 'arena cerebral', y es rara en niños menores de 15 años. Sin embargo, después de los 15 años, la cantidad de 'arena cerebral' comienza a aumentar anualmente. Curiosamente, esta pequeña acumulación no afecta la función del tercer ojo. Parece que se necesita más investigación para comprender completamente sus complejidades.