Desde tiempos antiguos, Dunhuang ha sido un punto crucial a lo largo de la Ruta de la Seda, sirviendo como un centro de intercambio cultural entre Oriente y Occidente. Esta región no solo fue testigo de la prosperidad de la antigua China, sino que también se convirtió en un puente para la introducción del budismo en el país. Desde el siglo VII hasta el XIV, innumerables monjes y devotos tallaron cuevas, esculpieron estatuas y pintaron murales, dejando tras de sí un tesoro de obras maestras artísticas.
En 1900, un sacerdote taoísta llamado Wang Yuanlu descubrió accidentalmente la Cueva de las Escrituras, que estaba llena de diversos artefactos preciosos, incluidos sutras budistas, manuscritos e imágenes. Estas reliquias documentan la larga historia y rica cultura de Dunhuang, revelando una serie de misterios sin resolver. ¿Quién fue el responsable de dejar atrás tales obras monumentales en esta tierra? ¿Qué creencias sostuvieron a generaciones de personas para lograr esta gran hazaña?