Tiberio, el emperador romano, tomó una sorprendente decisión al dejar la bulliciosa ciudad de Roma en el apogeo de su poder y retirarse al campo. Esta decisión ha suscitado numerosas especulaciones a lo largo de los siglos. En el verano del 26 d.C., Tiberio partió apresuradamente de Roma con un grupo de asistentes, siguiendo la predicción de un astrólogo de que nunca regresaría y que pronto moriría en el exilio. Sin embargo, estas predicciones no se cumplieron, y Tiberio vivió hasta su inesperada muerte en la isla de Capri once años después.

El aislamiento de Tiberio no fue una decisión repentina, sino más bien una serie de transiciones. Residió brevemente en una cueva en el Cabo Miseno, pero pasó la mayor parte del tiempo en la isla de Capri. Estos lugares no solo eran pintorescos con climas agradables, sino que también estaban alejados del centro político, lo que proporcionaba un refugio relativamente seguro para su retiro. A pesar de estar en el campo, Tiberio logró influir en la política nacional a través de cartas e incluso intentó regresar a Roma varias veces, aunque finalmente nunca lo logró.

La vida de Tiberio en el aislamiento está envuelta en misterio. Algunos creen que fue para ocultar su verdadera naturaleza y crear un aire de misticismo; otros piensan que surgió del miedo a las conspiraciones en su contra, particularmente del comandante de la Guardia Pretoriana, Sejano, o del impacto emocional por la muerte de sus hijos. A pesar de la peculiar personalidad y el extraño comportamiento de Tiberio, los historiadores modernos coinciden en que su reinado estuvo marcado por la estabilidad y la prosperidad en Roma, un hecho que no se puede pasar por alto.