Los astrónomos han descubierto que los desastres en la Tierra pueden estar relacionados con las posiciones de los planetas en nuestro sistema solar y están estrechamente vinculados a los fenómenos cósmicos de los agujeros negros y agujeros blancos. Cada cuatro años, los agujeros negros acumulan enormes cantidades de energía, coincidiendo con los ciclos de años bisiestos, lo que puede tener efectos adversos en la Tierra. Por el contrario, los agujeros blancos pueden mitigar estos impactos e incluso introducir factores beneficiosos. La situación es más favorable cuando la distribución de energía está equilibrada entre agujeros negros y agujeros blancos.

En 1988, los datos de observación indicaron que se produjo acumulación de energía en ciertos agujeros blancos, señalando un aumento del riesgo de guerra en la Tierra y un aumento en las tasas de mortalidad. Sin embargo, cuando la distribución de energía se aproxima a un agujero blanco, estos peligros pueden aliviarse. Además, el 5 de marzo de 1979, nueve satélites artificiales detectaron simultáneamente una explosión masiva de una estrella de neutrones en la Nube de Magallanes, liberando energía equivalente a 3,000 años de la producción del Sol. Si tal evento ocurriera dentro de la Vía Láctea, la Tierra enfrentaría un desastre catastrófico. Esto revela que la humanidad está constantemente bajo amenaza del cosmos, y conquistar el universo mientras luchamos contra el destino será un desafío importante para la humanidad en el siglo XXI.