Antes de que se dibujara el mapa del mundo, la gente sabía muy poco sobre la distribución de la tierra y el mar en la Tierra. No fue hasta finales del siglo XVI, cuando el erudito holandés Mercator creó el primer mapa mundial, que comenzó a crecer el interés por las formas de los continentes. A finales del siglo XIX, los científicos descubrieron un tipo de lombriz de tierra conocida como 'Lumbricus terrestris', que se distribuía ampliamente por el continente euroasiático y la costa este de las Américas, pero que estaba ausente en la parte occidental de América, lo que llevó a muchos científicos a reflexionar sobre este fenómeno.

El meteorólogo alemán Alfred Wegener se inspiró mientras estaba hospitalizado en 1910, al notar la sorprendente similitud entre las costas del océano Atlántico. En 1912, publicó un artículo proponiendo la 'Teoría de la Deriva Continental'. Sugirió que en tiempos antiguos existía una enorme masa de tierra llamada 'Pangea', que comenzó a romperse y a derivar hace aproximadamente 200 millones de años, formando finalmente los siete continentes y los cuatro océanos actuales.

A pesar de causar una gran controversia en su momento, la Teoría de la Deriva Continental fue ganando apoyo con los avances en la geología marina y la paleomagnetismo. El físico británico Fred Vine proporcionó evidencia directa de la deriva continental, y en 1968, el científico francés Jacques Lacoste propuso la teoría de la tectónica de placas, explicando los cambios dinámicos de los continentes y los océanos. Hoy en día, las mediciones precisas de satélites artificiales han confirmado que el océano Atlántico se está expandiendo, y las islas en el Pacífico se están acercando al continente.

Sin embargo, los debates sobre la validez de la Teoría de la Deriva Continental continúan, con muchas nuevas teorías surgiendo, y la comprensión de la humanidad sobre este tema sigue profundizándose.