En una época en la que los mapas mundiales aún no eran comunes, la gente tenía muy poco conocimiento sobre las formas y distribuciones de los continentes. No fue hasta finales del siglo XVI que el erudito holandés Gerardo Mercator creó el primer mapa mundial, lo que proporcionó una comprensión preliminar de la geografía de la Tierra. A finales del siglo XIX, el meteorólogo alemán Alfred Wegener hizo un descubrimiento notable: las costas de África Occidental y América del Sur Oriental se parecían sorprendentemente. Esta observación lo inspiró a proponer la teoría de la deriva continental.
Wegener creía que en tiempos antiguos, la Tierra consistía en una sola masa de tierra enorme conocida como Pangea, que gradualmente se dividió y se desplazó a sus posiciones actuales debido a los efectos de la rotación de la Tierra y las fuerzas gravitacionales de los cuerpos celestes. En 1912, Wegener publicó un artículo que describía su teoría. A pesar de enfrentar escepticismo de muchos, la teoría de la deriva continental ganó gradualmente apoyo en la comunidad científica a medida que avanzaba la investigación geológica oceánica y se desarrollaba la paleomagnetismo. Hoy en día, mediciones precisas de satélites han confirmado que los continentes se están moviendo lentamente.