Durante décadas, ha circulado una leyenda similar al hombre salvaje asiático conocido como Bigfoot en los bosques primitivos de América del Norte. En 1951, el explorador Ivan Marx descubrió por primera vez huellas de Bigfoot en el norte de California, lo que lo llevó a profundizar en la búsqueda de esta criatura misteriosa. En 1958, capturó una fotografía de un gran Bigfoot negro en las montañas de Nevada. Aunque no quería acercarse demasiado, la foto sigue siendo una valiosa pieza de evidencia. En 1970, Marx y el investigador suizo René Dahinden encontraron una serie de huellas de Bigfoot en el estado de Washington y crearon moldes de yeso de ellas. El Dr. Krantz, un antropólogo de la Universidad Estatal de Washington, examinó estas huellas y las consideró altamente auténticas.
En 1972, un enorme Bigfoot de pelo blanco llamó la atención de la gente durante una tormenta de nieve en el norte de California. En 1977, Marx descubrió un Bigfoot macho en el condado de Shasta, California, que exhibió un comportamiento inusual al sacar agua de un pantano y espantar a los mosquitos. Ese mismo año, Marx y su esposa escaparon por poco de un ataque mientras rastreaban a la criatura.
Los antropólogos especulan que Bigfoot podría parecerse a un robusto simio sudamericano o al Pongo pygmaeus, siendo un homínido herbívoro que prospera en ambientes forestales húmedos. Se cree que Bigfoot no solo es un nadador hábil, sino también capaz de bucear, alimentándose de fuentes de comida acuática. Estas misteriosas huellas continúan atrayendo a innumerables aventureros y científicos.