El "brillo humano" invisible ha intrigado a los científicos desde 1911. El médico británico Walter Kilner descubrió por primera vez un borde luminoso, de aproximadamente 15 milímetros de ancho, que rodea el cuerpo humano, aplicando un tinte de doble flor a una pantalla de vidrio. Posteriormente, el científico soviético Semyon Koryal utilizó la fotografía de campo eléctrico para capturar este brillo.
En la década de 1980, la tecnología avanzada en Japón y Estados Unidos exploró aún más el "brillo humano". La Organización de Desarrollo de Nuevas Tecnologías de Japón mostró con éxito "biofotones" utilizando tubos fotomultiplicadores y dispositivos de imagen, aplicando estos hallazgos en la investigación médica. Los estudios revelaron que la intensidad del brillo está estrechamente relacionada con el metabolismo humano y puede utilizarse para evaluar el estado de salud de un paciente.
Los científicos también encontraron que el brillo coincide con los puntos de acupuntura, y el brillo de cada persona tiene un patrón único. Investigadores estadounidenses señalaron que el brillo presenta una imagen borrosa antes de la aparición de enfermedades, mientras que los pacientes con cáncer exhiben anomalías. Estudios soviéticos indicaron que el alcohol y el tabaco pueden alterar la morfología del brillo, sugiriendo que podría servir como un método auxiliar para dejar de fumar y beber.
A pesar del interés generalizado en el "brillo humano", su origen sigue siendo un misterio sin resolver. Algunos creen que puede ser una forma de código corporal, mientras que otros lo ven como una manifestación de fenómenos de vida natural. Actualmente, expertos de todo el mundo están investigando activamente, con la esperanza de desvelar el velo de este fenómeno misterioso.