En 1850, el arqueólogo francés Auguste Mariette hizo un descubrimiento notable durante su expedición en Egipto, notando la asombrosa consistencia de la Esfinge. Por casualidad, se encontró con una Esfinge enterrada cerca de la ciudad de Chekala, lo que le recordó los relatos del antiguo viajero griego Estrabón. Estrabón mencionó que muchas estatuas estaban enterradas cerca del Templo del Toro Sagrado Serapis en Menfis. Convencido de que había encontrado una pista que conducía a la Tumba del Toro Sagrado, Mariette comenzó inmediatamente el trabajo de excavación. El amanecer de noviembre fue testigo de su descubrimiento del Templo del Toro Sagrado Serapis, donde 30 trabajadores, bajo su mando, comenzaron a excavar, desvelando finalmente esta misteriosa tumba subterránea.
Mariette descubrió que este sitio no solo era la tumba del Toro Sagrado Serapis, sino que también contenía numerosas tumbas de toros que datan desde la época de Ramsés II hasta el período ptolemaico. Cada cuerpo de toro estaba meticulosamente envuelto y colocado en enormes sarcófagos hechos de bloques sólidos de granito negro y rojo, que pesaban hasta 72 toneladas. El descubrimiento de Mariette no solo reveló detalles de los rituales religiosos del antiguo Egipto, sino que también mostró el nivel de reverencia que la sociedad tenía por el Toro Sagrado.