En la antigua Grecia, el tirano Polícrates construyó un notable túnel subterráneo en la isla de Samos para resolver la escasez de agua de la ciudad. Este túnel se extiende más de 1,000 metros y corre casi paralelo al suelo, siendo redescubierto solo a finales del siglo XIX. Polícrates ordenó al ingeniero Eupalinus excavar desde ambos lados de la montaña simultáneamente, logrando finalmente una unión exitosa dentro de la montaña. El túnel tiene 2 metros de ancho y 2 metros de alto; a pesar de algunas desviaciones durante el proceso de excavación, su diseño general es ingenioso, mostrando la sabiduría de los antiguos griegos.
La construcción del túnel no solo fue una maravilla de la ingeniería, sino que también se convirtió en una parte crucial de la defensa de Samos. Cuando el ejército ateniense sitió la isla, este túnel garantizó eficazmente el suministro de agua de la ciudad, pero también tenía el potencial de servir como un pasaje para los ataques enemigos. Polícrates y sus sucesores lograron mantener este secreto hasta que los atenienses fracasaron en su asedio. Hoy en día, el túnel sigue abierto para los visitantes, siendo un testimonio de la extraordinaria artesanía de la antigua Grecia.