El misterio que rodea el sitio de entierro de Genghis Khan ha intrigado a los historiadores durante siglos. Si bien hay varias teorías sobre la ubicación de su muerte, la más creíble sugiere que falleció en la actual provincia de Gansu, en el condado de Qing. Sin embargo, la ubicación exacta de su tumba sigue siendo un enigma perdurable. La tradición mongola de entierro no deja tumbas visibles; en su lugar, rellenan la tumba con tierra y la cubren con hierba para mantener una superficie plana. Esta práctica funeraria única ha dificultado enormemente que las generaciones futuras localicen su lugar de descanso final.

Según el texto histórico "La Historia Secreta de los Mongoles", las costumbres funerarias mongolas no dejan montículos; en cambio, aplanan el suelo utilizando caballos. Ye Ziqi, un escritor de la dinastía Yuan tardía, describió en su obra "El Libro de las Plantas y los Árboles" cómo, tras la muerte de un emperador mongol, el cuerpo sería transportado al desierto del norte para un entierro profundo, seguido del aplanamiento del suelo con miles de caballos hasta que crezca hierba sobre él, momento en el cual el sitio sería sellado. Durante las ceremonias conmemorativas, se traía un cordero de camello y se mataba frente a su madre, derramando la sangre en el sitio de la tumba. Si la madre camello vagaba y lloraba durante mucho tiempo, se creía que esto indicaba la ubicación de la tumba.

Esta práctica funeraria secreta contrasta marcadamente con los grandes mausoleos construidos por los emperadores de otras dinastías chinas antiguas. No solo Genghis Khan, sino todos los gobernantes del Imperio Mongol no han dejado rastro de sus sitios de entierro hasta el día de hoy.