En el verano de 1900, el rey Umberto I de Italia cenó con su ayudante en un pequeño restaurante de Monza. Para su asombro, el dueño de la tienda tenía un sorprendente parecido con el rey, y tras conversar, descubrieron que tenían mucho en común: nacieron el mismo día, se casaron el mismo día e incluso compartían los mismos nombres para sus hijos. Aún más notable, el dueño de la tienda había sido condecorado junto al rey por su valentía en la batalla en 1866 y 1870.

Fascinado por esta coincidencia, el rey decidió otorgar un título de caballero al dueño de la tienda al día siguiente e invitó a este a la ceremonia de premiación. Sin embargo, justo cuando el rey estaba a punto de cumplir su promesa, el dueño de la tienda murió trágicamente en un tiroteo accidental. El rey quedó profundamente conmocionado por la noticia e insistió en asistir al funeral del dueño de la tienda. Poco después, el rey también fue asesinado, lo que llevó a su prematura muerte.