En el Lago Titicaca, el viento frío aúlla. Navego sobre la helada superficie del lago en un bote a motor, con las montañas distantes que parecen especialmente exuberantes contra el fondo de un cielo azul brillante. El lago brilla como un vasto océano azul, aparentemente interminable. Según la leyenda, existe un pequeño barco hecho de juncos, conocido como el "barco de caña de luz". Se dice que este es un medio de transporte tradicional en el Lago Titicaca, aunque el arte de hacer estos barcos ha ido desapareciendo gradualmente.

Llegué a un pequeño pueblo en la Isla Suriqui, donde encontré a dos ancianos indígenas tejiendo un pequeño barco de aproximadamente 15 pies de largo. El barco es ancho y estrecho, con extremos bellamente curvados. Me senté a su lado y observé todo el proceso; uno de los ancianos, que llevaba un sombrero peculiar, usaba ocasionalmente su pie izquierdo desnudo para empujar el cuerpo del barco. También se secaba el sudor de la frente con el dorso de la mano para aumentar la pegajosidad de la cuerda, asegurándose de que cada junco estuviera bien atado.

El barco en construcción descansaba en el patio trasero de una granja en ruinas, rodeado de juncos desechados. Un grupo de gallinas y una tímida alpaca merodeaban a su alrededor. Al ver estos exquisitos pequeños barcos, no pude evitar recordar los barcos de juncos que navegaban por el río Nilo en Egipto hace miles de años. Su diseño es casi idéntico, con similitudes sorprendentes en la forma en que se cuelgan las velas y la estructura del casco. Esta semejanza plantea una fascinante pregunta: ¿por qué existen diseños de barcos similares en lugares tan lejanos?