En el siglo XIX, se descubrieron muchos fragmentos de esqueletos de Archaeopteryx en toda Europa, pero nunca se había encontrado un esqueleto completo. No fue hasta los años entre 1877 y 1880 que ocurrió un descubrimiento significativo durante la extracción de carbón en Bélgica, donde se desenterraron inesperadamente múltiples esqueletos completos de Archaeopteryx. Este hallazgo cambió la forma en que la gente entendía al Archaeopteryx.

El lote de más de 20 esqueletos fue enterrado en barro tras una inundación, y su conservación fue excepcional. El primer esqueleto de Archaeopteryx fue descubierto en 1822 en Sussex, Inglaterra, por Mary Ann Mantell. Su esposo, un geólogo, nombró a esta criatura "Archaeopteryx."

Con el tiempo, se encontraron más restos en el sur de Inglaterra y en la Isla de Wight. Estas áreas solían ser regiones deltaicas fértiles donde grandes animales podrían haber muerto al quedar atrapados en el barro. Las acciones de las mareas dañaron algunos huesos, lo que contribuyó a la larga ausencia de esqueletos completos de Archaeopteryx en el Reino Unido.

Entre 1854 y 1855, basándose en la investigación de Mantell, se construyó un modelo de Archaeopteryx en el Crystal Palace de Londres. Este modelo fue imaginado como una criatura cuadrúpede con un cuerno en la nariz. Sin embargo, el descubrimiento belga confirmó que esta hipótesis era incorrecta.

Hoy en día, estos esqueletos se exhiben en el Instituto Real de Ciencias Naturales de Bélgica en Bruselas, mostrando una forma bípedo. Los huesos afilados no eran cuernos, sino "dedos" utilizados para defensa y para desgarrar plantas.