Troya, situada bajo las colinas de Hisarlik en el noroeste de Turquía y adyacente a los Dardanelos, ha sido durante mucho tiempo un misterio en el corazón de muchos. Durante mucho tiempo, se creyó que era una ciudad ficticia de las epopeyas de Homero hasta la década de 1870, cuando el arqueólogo Heinrich Schliemann, a través de esfuerzos incansables, finalmente desveló sus secretos. Schliemann había estado fascinado por las historias de la Guerra de Troya desde su infancia, especialmente por la representación de la quema de Troya en la Ilíada, lo que despertó su deseo de exploración. En 1870, emprendió la monumental tarea de encontrar la ciudad de Troya.
Schliemann lideró un equipo que excavó nueve capas de ruinas de la ciudad, pero cuál de ellas era la verdadera Troya sigue siendo un tema de debate. En la novena capa, descubrió artefactos que creía que eran el "Tesoro de Príamo", pero luego se confirmó que estos sitios habían sido sobreexcavados. Después de años de esfuerzo, Schliemann confirmó la existencia histórica de Troya, que experimentó múltiples ascensos y caídas desde el 3300 a.C. hasta el 1275 a.C. Las ruinas de Troya están estratificadas en nueve capas, cada una revelando diferentes períodos históricos y características culturales, reflejando la evolución de la ciudad.
Hoy en día, los historiadores están de acuerdo en que realmente existió una ciudad de Troya. Alcanzó su apogeo en los siglos XIII a XII a.C., convirtiéndose en un objetivo para los estados vecinos. En el siglo XII a.C., la coalición griega capturó y destruyó Troya. Las descripciones en las epopeyas de Homero se basan en esta guerra. Los descubrimientos de Schliemann no solo confirmaron la existencia de Troya, sino que también sugieren que las obras literarias pueden contener elementos de la historia real.