En 1927, el arqueólogo británico Michael Heizer descubrió un cráneo de cristal que pesa aproximadamente 5 kilogramos en las ruinas de la antigua ciudad de Lubaan Tum. Este cráneo fue elaborado a partir de grandes piezas de cristal, con el hueso nasal hecho de tres segmentos de cristal, un cristal redondo para las cuencas oculares y dientes ordenadamente incrustados en la mandíbula. Algunos creen que este cráneo de cristal fue creado hace más de 3,600 años, pero otros académicos cuestionan esta afirmación.

El Musée de l'Homme en Francia también alberga un cráneo de cristal, que se cree que es una pieza decorativa de un bastón de sacerdote hecho por los aztecas en el siglo XIV o XV. Los aztecas utilizaban herramientas de cobre para esculpir el cráneo de cristal, lo que indica un alto nivel de artesanía. Sin embargo, algunos académicos argumentan que las capacidades tecnológicas de los aztecas durante los siglos XIV y XV eran limitadas, lo que dificultaba la producción de un cráneo de cristal tan exquisito.

Otro cráneo de cristal en el Museo Británico es aún más misterioso. En ausencia de luz por la noche, emite un resplandor blanco deslumbrante, revelando un rostro aterrador. Este cráneo fue comprado en 1898 en la joyería Tiffany en Nueva York, pero su origen exacto sigue siendo un misterio.

El origen de estos tres cráneos de cristal sigue sin estar claro. ¿Cuándo, por quién y con qué propósito fueron creados? Esta pregunta sigue desconcertando a los arqueólogos.