Después de publicar su teoría de la relatividad general, Einstein dirigió su atención hacia el universo. En 1917, propuso un modelo cosmológico basado en la relatividad general que desafiaba las creencias tradicionales, introduciendo el concepto de un universo finito pero no acotado. Anteriormente, la gente pensaba que ser finito significaba tener límites, mientras que lo infinito se consideraba sin límites. Sin embargo, Einstein distinguió entre estos dos conceptos y presentó la idea de un universo finito pero no acotado.

Por ejemplo, consideremos una mesa rectangular; es finita pero tiene límites. De manera similar, la superficie de una pelota de baloncesto es finita pero no acotada. Estos ejemplos ayudan a ilustrar la teoría de Einstein. Según los principios cosmológicos, el espacio tridimensional es homogéneo e isotrópico a escala cósmica. Einstein creía que tal espacio debía ser un espacio de curvatura constante, lo que significa que el grado de curvatura es el mismo en todas partes. Así, imaginó una hiperesfera tridimensional como un modelo del universo. Esta hiperesfera es finita y no acotada, permitiendo a los humanos que viven en ella moverse en cualquier dirección sin encontrar un límite.

Einstein intentó resolver este modelo utilizando las ecuaciones de campo de la relatividad general, pero la falta de condiciones iniciales y de frontera hizo que el proceso de solución fuera bastante complejo. Para simplificar las ecuaciones, supuso que el universo era finito, no acotado, estático y tenía una isotropía uniforme. Sin embargo, descubrió que la relatividad general no podía llevar directamente a una conclusión sobre un universo estático. Por lo tanto, Einstein introdujo una 'constante cosmológica', o término cosmológico, para derivar un modelo estático, homogéneo, isotrópico, finito y no acotado del universo. Este descubrimiento causó un gran revuelo, ya que parecía que la comunidad científica había encontrado una respuesta a la pregunta de si el universo es finito o infinito.