El descubrimiento de compuestos orgánicos en meteoritos ha suscitado especulaciones sobre la existencia de vida extraterrestre. Por un lado, algunos creen que estos compuestos tienen un origen no biológico debido a sus mayores concentraciones de azufre, nitrógeno y cloro en comparación con compuestos similares en la Tierra. Por otro lado, los defensores de un origen biológico señalan que ciertos meteoritos contienen elementos dispuestos de manera extraña que se asemejan a algas unicelulares encontradas en la Tierra. Aún más misterioso, algunos meteoritos han sido encontrados con sustancias orgánicas ópticamente activas, que son raras en compuestos orgánicos de origen no biológico.
Sin embargo, las interpretaciones de estos hallazgos son inconsistentes. Algunos científicos sugieren que las moléculas ordenadas pueden haber sido influenciadas por la contaminación de la Tierra. A pesar de ello, muchos creen que estos meteoritos contienen de hecho restos de alguna forma de vida extraterrestre. Por ejemplo, en un fragmento de latón que cayó en Eaton, EE. UU., en 1931, se descubrieron restos que se asemejan a conchas marinas y trilobites. Además, en un "libro celestial" que aterrizó cerca del mar Báltico en Rusia, los científicos encontraron materia vegetal de origen cósmico.
Estos meteoritos no solo sirven como evidencia potencial de vida extraterrestre, sino que también pueden actuar como un puente para la comunicación entre la Tierra y civilizaciones extraterrestres. Los científicos especulan que las largas moléculas de cadena orgánica encontradas en ciertos condritos carbonáceos podrían llevar mensajes de civilizaciones distantes. Estos descubrimientos no solo desafían nuestra comprensión sobre los orígenes de la vida, sino que también despiertan la curiosidad sobre la vida inteligente desconocida en el universo.