Cuando hablamos de las enfermedades más mortales del mundo, no nos referimos a los cánceres que amenazaron la salud humana en la década de 1970 o al SIDA, que fue reconocido como un 'supercáncer' por la comunidad médica en la década de 1980. En cambio, estamos hablando de enfermedades que son aún más peligrosas. Actualmente, la comunidad médica internacional clasifica la fiebre de Lassa, la enfermedad de Marburgo y la fiebre hemorrágica del Ébola como las tres enfermedades infecciosas más peligrosas, representando un nuevo ataque de los virus en evolución de la naturaleza contra la humanidad.

La fiebre de Lassa fue descubierta por primera vez en un pequeño pueblo llamado Lassa en Nigeria, de ahí su nombre. Inicialmente, los pacientes experimentan un dolor intenso en la espalda, que luego se extiende al pecho, acompañado de un aumento de la temperatura corporal, pápulas amarillas en la boca, una disminución significativa en el recuento de glóbulos blancos, problemas de coagulación sanguínea y, en última instancia, la muerte por fallo respiratorio. En 1969, una enfermera estadounidense murió rápidamente después de contraer fiebre de Lassa en un hospital de la iglesia en el norte de Nigeria, y dos enfermeras que intentaron salvarla también sucumbieron. Los investigadores encontraron que el virus se asemeja a una pelota de tenis y está cubierto de pelos finos, lo que lo hace particularmente aterrador. A pesar de las medidas de aislamiento, el virus continuó propagándose, lo que llevó a más infecciones. Alarmantemente, la fiebre de Lassa puede afectar casi todos los órganos del cuerpo humano, causando varios síntomas, con una tasa de mortalidad que varía del 36% al 67%.

Además de la fiebre de Lassa, hay dos enfermedades infecciosas más que requieren más estudio: la enfermedad de Marburgo y la fiebre hemorrágica del Ébola. En 1967, trabajadores de laboratorio en Fráncfort, Alemania Occidental, y Belgrado, Yugoslavia, contrajeron la enfermedad de Marburgo, lo que llevó a varias muertes entre el personal. En 1976, se produjeron brotes de fiebre hemorrágica del Ébola en el sur de Sudán y Zaire, resultando en cientos de muertes. Ambos virus se transmiten a partir de monos y roedores que se encuentran en África. La comunidad médica aún no ha comprendido completamente las características de estos virus, y se necesita más investigación para mitigar su amenaza a la salud humana.