La Civilización del Indo llamó la atención por primera vez en el siglo XVIII con la excavación del sitio de Harappa. A mediados del siglo XIX, el arqueólogo Alexander Cunningham volvió a excavar y descubrió un sello peculiar, pero no se le dio mucha importancia. No fue hasta 1922, con el descubrimiento de Mohenjo-Daro, que la gente comenzó a reevaluar estos dos sitios. Tanto Harappa como Mohenjo-Daro son extensos y antiguos, pero muestran diferencias significativas en los niveles de vida, lo que resulta desconcertante. Aunque el guion en los sellos sigue sin descifrarse, los arqueólogos especulan que estos sitios eran centros urbanos que reflejaban una sociedad altamente organizada de la época.
Mohenjo-Daro presenta diseños arquitectónicos intrincados, con calles bien planificadas, y los residentes disfrutaban de instalaciones públicas avanzadas y sistemas de drenaje, lo que es verdaderamente notable. Sin embargo, no hay palacios ni templos, y todas las viviendas son de calidad similar, lo que lo distingue de las civilizaciones de los antiguos incas, Mesopotamia y Egipto. Además, no se ha encontrado evidencia clara de gobernantes en el sitio, lo que añade al enigma que rodea el gobierno de la Civilización del Indo. En última instancia, hay muchas teorías sobre los orígenes y la desaparición de la Civilización del Indo, pero su singularidad y misterio la convierten en una parte esencial de la historia humana.