La reina Isabel I fue la última monarca destacada de la dinastía Tudor, gobernando desde 1558 hasta 1603, durante la cual Inglaterra alcanzó su apogeo de poder. Estableció la Iglesia de Inglaterra, mantuvo la estabilidad política, fomentó el crecimiento económico y logró la supremacía marítima, expandiendo su influencia en el extranjero. Sin embargo, su decisión de permanecer soltera durante toda su vida sigue siendo un misterio desconcertante para muchos.

Nacida en 1533, Isabel era hija de Enrique VIII y Ana Bolena. Después de que su madre fue ejecutada, Isabel sufrió grandes dificultades durante la agitación política. Tras la muerte de la reina María en 1558, Isabel ascendió al trono. Era una reina hermosa, que atrajo la atención de muchos nobles europeos. A pesar de que sus ministros le instaron a casarse para asegurar el trono, Isabel se negó constantemente, eligiendo permanecer soltera.

Isabel inicialmente rechazó una propuesta de matrimonio del rey Felipe II de España, ya que España era un país católico y no quería provocar conflictos religiosos. Más tarde, el duque de Anjou de Francia le propuso matrimonio, y compartieron una atracción mutua durante un tiempo, pero finalmente, Isabel priorizó los intereses de su país y rechazó el matrimonio. Ella declaró que su misión era compartir el destino de todos sus súbditos en lugar de casarse con una sola persona.

Las razones detrás de la soltería de Isabel varían; algunos creen que los traumas de su infancia le inculcaron un miedo al matrimonio, otros sugieren que era reacia a la idea de la intimidad, y algunos piensan que quería evitar luchas por el poder. Sin embargo, su elección de permanecer soltera la ha llevado a ser conocida en la historia como la "Reina Virgen."