La fortaleza de Sacsayhuamán se erige majestuosamente en las afueras de Cusco, dejando a los visitantes asombrados por su grandeza. Una tarde, bajo un cielo lleno de nubes oscuras, entramos en esta antigua fortaleza. Un viento frío barría las desoladas tierras altas mientras subía las escaleras, pasando por una alta puerta de piedra y adentrándome más a lo largo de las serpenteantes paredes de piedra.

Al mirar hacia arriba, un enorme bloque de granito se alzaba ante mí. Mide 12 pies de altura, 7 pies de ancho y pesa más de 100 toneladas, claramente tallado por manos humanas. Los bordes de la piedra son suaves y armoniosos, reminiscentes de una sinfonía. Esparcidos alrededor hay muchas piedras grandes de varias formas: algunas se elevan, otras caen y algunas están desiguales, lo que hace que uno se maraville de la destreza de los antiguos.

De pie ante una colosal piedra que alcanza los 28 pies de altura y pesa 361 toneladas, me llené de preguntas. ¿Cómo pudieron los incas llevar a cabo tal tarea monumental? ¿Cómo transportaron estas enormes piedras aquí? ¿Realmente carecían de vehículos y herramientas de acero? El historiador español del siglo XVI, Vega, lamentó que parecía más el trabajo de demonios que de esfuerzo humano.

El relato de Vega solo profundizó mi confusión. Registró un intento trágico de un gobernante inca de construir una fortaleza similar: más de veinte mil trabajadores tirando de una piedra gigante, solo para que esta cayera de un acantilado, matando a más de 3,000 personas. Esto sin duda intensificó mis dudas sobre los orígenes de esta fortaleza. Quizás no fue construida por los incas, sino que es un vestigio de una civilización aún más antigua.

La leyenda dice que el pueblo Viracocha, una raza misteriosa descrita como de piel clara y con barba, fueron los constructores de esta fortaleza, a la que se refiere como 'guerreros celestiales'. Esto despertó mi curiosidad por explorar más sobre lo desconocido que rodea a esta fortaleza.