En las montañas andinas de América del Sur, existe una antigua leyenda sobre un líder blanco del norte llamado Sunupa. Se le describe como una figura digna, con ojos claros, barba y vestimenta sencilla, que irradia una calma serena. La llegada de Sunupa trajo el amanecer de la civilización a los pueblos indígenas locales.
Acompañado de cinco discípulos, Sunupa llegó a las orillas del Lago Titicaca, donde estableció un reino pacífico y próspero. Enseñó a los lugareños a abandonar vicios como el alcoholismo, la poligamia y los conflictos, difundiendo diversas habilidades que permitieron a la gente llevar vidas civilizadas. Sin embargo, sus grandes logros suscitaron celos en algunos, quienes conspiraron para asesinar a Sunupa, dejándolo gravemente herido.
Para encubrir su crimen, los asesinos colocaron el cuerpo de Sunupa en un pequeño bote tejido con juncos de totora y lo pusieron a la deriva en el Lago Titicaca. Milagrosamente, el bote comenzó a flotar y se alejó rápidamente de la orilla, asustando a los perpetradores con su velocidad. Según la leyenda, este bote navegó hasta Chamaca, el sitio del actual río Desaguadero. Cuando el bote alcanzó la orilla, chocó con tal fuerza que creó el río Desaguadero, que no existía antes.
Finalmente, el cuerpo de Sunupa se hundió en el lago, flotando hasta la lejana costa de Arica. Esta historia misteriosa y conmovedora es considerada por los pueblos indígenas locales como una parte verdadera de su historia, rica en significado cultural.