Unos días después de dejar la meseta de Nazca, mi compañera Sansa y yo llegamos a Cusco, ansiosos por explorar el Templo de Coricancha, que fue construido antes de la llegada de los españoles. Este templo ha desaparecido hace tiempo, dejando solo la Iglesia de Santo Domingo, que fue construida sobre sus cimientos. Al acercarnos a la entrada de la iglesia, imaginé el templo inca que una vez estuvo adornado con más de 700 piezas de oro. Se dice que aquí se cultivaba maíz dorado, recordando al Templo de Salomón en Jerusalén. Dos terremotos en 1650 y 1950 destruyeron la iglesia, pero los cimientos y las paredes inferiores de estilo inca permanecen intactos. Hoy en día, solo quedan algunas piedras poligonales y restos difusos del diseño original para que las futuras generaciones reflexionen.

Paseamos por las estrechas calles empedradas de Cusco, descubriendo que los españoles no solo dejaron atrás la iglesia, sino también muchos edificios de estilo colonial en toda la ciudad. Amplias casas coloniales se alzaban en las laderas, con colores suaves que parecían dibujos de crayón. Sin embargo, la mayoría de estas casas se construyeron sobre cimientos incas, y algunas incluso imitaban el diseño del Templo de Coricancha. En un callejón estrecho llamado 'Hatunrumiyoc,' me detuve a admirar los intrincados mosaicos hechos de innumerables piedras incrustadas en las paredes. Estas piedras, de diferentes formas y tamaños, encajaban perfectamente, mostrando una habilidad arquitectónica notable.