En la primavera de 1925, un descubrimiento cerca de Folsom, Nuevo México, por el arqueólogo McJunkin llevó al hallazgo de huesos que parecían ser de ganado, que luego se identificaron como los restos de una especie de bisonte extinta hace mucho tiempo. Este hallazgo llamó la atención de Fegins, el curador del Museo de Nuevo México, quien teorizó que los puntas de sílex encontradas junto a los huesos podrían haber sido utilizadas por los americanos prehistóricos como puntas de proyectil. Esta teoría desafió la comprensión predominante de la historia prehistórica de América del Norte. Años después, en 1967, los arqueólogos confirmaron la hipótesis de Fegins cuando descubrieron más evidencia en el sitio de Folsom, demostrando que existían tribus antiguas hábiles en la caza de bisontes durante la prehistoria. Estos cazadores empleaban tácticas sofisticadas, cazando con éxito grandes manadas de bisontes, e incluso podían matar a cientos de bisontes en una sola cacería, demostrando habilidades de caza y capacidades organizativas notables.
Secretos Revelados por el Sitio de Folsom: El Misterio de la Caza Prehistórica en América del Norte