En las distantes profundidades del universo se encuentra una entidad misteriosa: el agujero negro. Las estrellas arden a través de reacciones nucleares, manteniendo su luz y calor. Sin embargo, cuando una estrella agota su combustible, se acerca a su fin. A medida que la temperatura desciende, la presión de radiación dentro de la estrella ya no puede resistir la gravedad, lo que lleva a un colapso interminable. Este proceso sigue la ley de gravitación universal de Newton, donde la gravedad es proporcional a la masa e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. La estrella se comprime a un tamaño más pequeño, con una densidad creciente, hasta que, en un instante, la temperatura se dispara a cien millones de grados, desencadenando una explosión de supernova. La estrella se desgarra, convirtiéndose en polvo y radiando luz en todas direcciones.

Aquellas estrellas masivas, que superan tres veces la masa del Sol, continúan colapsando sin fin bajo fuerzas gravitacionales extremas. Bajo esta presión gravitacional, la estrella se reduce gradualmente hasta convertirse en una singularidad. Alrededor de esta singularidad, la gravedad es infinitamente fuerte, y ninguna materia, ni siquiera la luz, puede escapar. Esta región se llama 'horizonte de eventos', marcando el límite del agujero negro. Una vez que la materia cruza el horizonte de eventos, nunca puede regresar.

La forma de un agujero negro es increíblemente pequeña; incluso un agujero negro con la masa de la Tierra tendría un diámetro de apenas 2 centímetros. En ciertas galaxias, pueden existir agujeros negros gigantes acechando entre innumerables estrellas, devorando todo lo que se acerque demasiado.