Al principio, la gente no era consciente de la existencia de Neptuno. Con el descubrimiento de Urano, la atención de la comunidad astronómica se centró en él. La peculiar órbita de Urano llamó la atención de los científicos, quienes intentaron explicar este fenómeno a través de la mecánica newtoniana. Sin embargo, la posición real de Urano difería constantemente de las predicciones, lo que complicaba la investigación. En este punto, dos astrónomos poco conocidos, Adams y Leverrier, propusieron una hipótesis audaz: las desviaciones en la órbita de Urano eran causadas por la atracción gravitacional de un planeta desconocido. A través de cálculos precisos, inferieron la ubicación de este planeta, que Leverrier finalmente comunicó a Galle en el Observatorio de Berlín. En 1846, Galle descubrió Neptuno en la ubicación predicha, y este planeta se conoció como la 'maravilla bajo la punta del lápiz'.

Neptuno es similar a Urano en muchos aspectos y se considera un hermano gemelo en la familia celestial. Tienen tamaños, masas y densidades comparables, con composiciones químicas y estructuras internas muy similares. La atmósfera de Neptuno está compuesta principalmente de hidrógeno, metano y amoníaco, lo que le da un color azul distintivo. En 1989, la sonda Voyager 2 visitó Neptuno, revelando más información sobre este misterioso planeta. Neptuno tiene cuatro anillos y una capa de polvo, junto con ocho lunas que lo orbitan. La característica más notable es la 'Gran Mancha Oscura', un ciclón masivo y en constante cambio, similar a la Gran Mancha Roja de Júpiter. El tema de los anillos de Neptuno también fue objeto de debate hasta la llegada de Voyager 2, que finalmente confirmó que Neptuno posee anillos.