La historia del Cometa Biela revela un asombroso secreto del universo. No solo fue testigo de la división y desintegración de un cometa, sino que también mostró el proceso de formación de lluvias de meteoros. En 1846, el Cometa Biela se dividió en dos partes, que gradualmente se alejaron con el tiempo, formando finalmente dos cometas independientes en 1852. Sin embargo, no lograron regresar como se esperaba en 1872, y en su lugar, una espectacular lluvia de meteoros iluminó el cielo nocturno el 27 de noviembre. Esta lluvia de meteoros se originó en la constelación de Andrómeda, duró seis horas y produjo aproximadamente 160,000 meteoros, alcanzando picos de decenas de miles por hora.
La caída del Cometa Biela y el secreto de las lluvias de meteoros no solo ilustran los patrones y la historia evolutiva de la división y desintegración de cometas, sino que también revelan la estrecha relación entre cometas, corrientes de meteoros y lluvias de meteoros. Un ejemplo similar es la lluvia de meteoros de las Leónidas, que está asociada con el cometa Tempel-Tuttle y erupciona cada 33.5 años. La tormenta de meteoros de las Leónidas del 13 de noviembre de 1833 vio más de 240,000 meteoros, asombrando a los observadores de la época. En la década de 1960, las Leónidas también produjeron lluvias de meteoros impresionantes, con recuentos de meteoros alcanzando 140,000 por hora, durando de ocho a nueve horas. Estos fenómenos nos recuerdan que la intersección de la órbita de la Tierra con la de las corrientes de meteoros determina el momento y la frecuencia de las lluvias de meteoros.