En septiembre de 1989, un instructor de buceo llamado Henri Cosquille descubrió una misteriosa cueva submarina en el Golfo de Mahón en el Mar Mediterráneo, donde encontró murales prehistóricos. Después de varias exploraciones, él y su equipo documentaron docenas de pinturas que representan animales como bisontes, caballos y cabras, junto con símbolos geométricos. Estos murales no solo revelan el estilo de vida de los humanos antiguos, sino que también proporcionan nuevas evidencias para la comunidad arqueológica francesa.

El descubrimiento de Cosquille atrajo la atención de arqueólogos de todo el mundo, quienes solicitaron materiales relacionados. Finalmente, el Instituto Francés de Arqueología nombró a la cueva "Cueva de Cosquille."