Las plantas han evolucionado diversas mecanismos de defensa a lo largo de su larga vida para protegerse de patógenos, insectos y otras amenazas. En 1970, los conejos salvajes en Alaska pastaron en los bosques, poniendo en riesgo su destrucción. Sin embargo, los conejos enfermaron colectivamente y desaparecieron, ya que los árboles que consumieron produjeron terpenos que los hicieron enfermar o incluso llevaron a su muerte. En 1981, los robles estadounidenses enfrentaron una invasión de polillas gitanas, y el aumento de los niveles de taninos en las hojas de roble llevó finalmente a la extinción de las polillas. Estos acontecimientos revelan que las plantas poseen una cierta forma de capacidad defensiva.
Los científicos han descubierto que las medidas de defensa de las plantas son diversas. Por ejemplo, muchas plantas contienen alcaloides tóxicos, como los que se encuentran en la acónito y el adelfa, que pueden matar insectos; mientras que la yuca y el agave contienen fitosteroles que hacen que los glóbulos rojos de los animales se rompan. Además, los sauces, cuando son atacados por orugas, no solo producen sustancias de resistencia, sino que también afectan a los sauces cercanos. Algunas plantas disuaden a los animales produciendo taninos, sustancias amargas o ácidas; otras pueden generar hormonas de muda para prevenir la reproducción de plagas. Además, ciertas plantas emplean características externas para la defensa, como las espinas del árbol de jabonero, la gruesa corteza del alcornoque y la dura cáscara de los huesos de durazno. Las estrategias defensivas de las plantas no solo son variadas, sino que también están estrechamente relacionadas con sus entornos geográficos, siendo las plantas resistentes a la sequía a menudo de hojas en forma de aguja para conservar la humedad.
Sin embargo, algunos científicos cuestionan si las plantas realmente poseen capacidades defensivas. Argumentan que estos fenómenos son meras respuestas instintivas en lugar de acciones conscientes. Dado que las plantas carecen de un sistema nervioso y de conciencia, es simplista atribuir sus comportamientos únicamente a la defensa.
Los secretos de la defensa de las plantas siguen siendo objeto de exploración, y la cuestión de si las plantas tienen habilidades defensivas requiere una investigación más profunda por parte de los botánicos para llegar a una respuesta concluyente.