En 1936, en las afueras de Bagdad, trabajadores de la construcción descubrieron accidentalmente un sarcófago de piedra que contenía una gran cantidad de valiosos artefactos, incluidos recipientes de cerámica, tubos de cobre y varillas de hierro, cuyo uso sigue siendo un misterio hasta hoy. El entonces director del Museo de Irak, el arqueólogo alemán Wilhelm Konig, identificó estos objetos como antiguas baterías químicas, sorprendiendo al mundo. Sin embargo, surgieron escepticismos, e incluso algunos sugirieron que Konig había perdido la razón. Unos meses después, Konig regresó a Berlín con estos artefactos y realizó experimentos para validar su teoría. Otro arqueólogo alemán, Arne Eggebrecht, también apoyó las opiniones de Konig a través de sus propios experimentos. Además, se han descubierto rastros de baterías similares en antiguas pirámides egipcias, lo que sugiere aún más que las civilizaciones antiguas pudieron haber poseído tecnología de baterías. A pesar de esto, el descubrimiento sigue siendo recibido con cautela mientras la gente espera más evidencia.
El Misterio de la Batería de Bagdad