Los investigadores han comparado numerosos avistamientos del "Yeti" y han descubierto que se pueden clasificar en dos categorías: una que consiste en individuos más pequeños que miden entre 150 y 160 centímetros, y otra que comprende a los más grandes, que van de 150 a 250 centímetros. Además, las huellas del Yeti revelan una proporción fija entre la longitud de sus pies y su zancada, con una distribución de presión distintiva en la superficie del pie. Lo más intrigante es que el Yeti emplea un patrón de marcha único que le permite moverse a velocidades de hasta 10 kilómetros por hora.

Este patrón de marcha difiere del de los humanos; mientras que los humanos caminan con su centro de gravedad moviéndose en un patrón de onda sinusoidal, el Yeti mantiene un movimiento en línea recta, lo que es una forma de locomoción altamente optimizada desde una perspectiva biológica. Además, el Yeti posee pies planos que son aproximadamente 1.5 veces la longitud de los pies humanos y el doble de su área. Para soportar un peso tan masivo, caminan con pies planos, sin arco, inclinándose hacia adelante, arqueando los hombros y manteniendo las manos y los pies ligeramente doblados para absorber la presión dinámica, lo que resulta en un movimiento corporal mínimo.

Las manos del Yeti son más primitivas que las de los humanos, pero exhiben un nivel de hipersensibilidad que supera al de los humanos. Pueden recibir información de una manera única, lo que les podría otorgar una comprensión más profunda de los humanos.