Hace sesenta mil años, en el corazón de Europa, los neandertales llevaban una vida dura, luchando diariamente por sobrevivir. Sin embargo, los arqueólogos descubrieron una tumba única en una cueva en Shanidar, al noreste de Irak, donde un individuo discapacitado fue enterrado rodeado de flores. Estas flores no solo reflejan la naturaleza compasiva de los neandertales, sino que también revelan su respeto por la vida y su cuidado por los fallecidos. Aunque las flores ya se han descompuesto, los científicos han identificado sus especies mediante un examen microscópico. Entre las ocho especies de flores encontradas, que incluyen Astragalus, aciano y malva, se indica que los neandertales reconocían el valor medicinal de las plantas incluso en esa época.