En la calle Charing Cross del West End de Londres, la señorita Romilly y su familia se estaban preparando para visitar a unos parientes en Marsella, Francia. Mientras elegía su ropa, Romilly vio accidentalmente una extraña escena en el espejo: un avión volando sobre un prado, con ella sentada dentro. Poco después, el avión sufrió un accidente y se estrelló, provocando un feroz incendio. Romilly se apresuró a informar a sus padres, pero al principio no le creyeron. Finalmente, tras la insistencia de Romilly, la familia decidió posponer su viaje. Sin embargo, al día siguiente, el vuelo a Marsella se estrelló trágicamente, confirmando la premonición de Romilly.