En lo profundo de las selvas de América del Sur, un grupo de indígenas conocido como los Shuar tiene una tradición desconcertante: reducir las cabezas de sus enemigos. Esta práctica se remonta a tiempos antiguos, volviéndose común en América del Sur hace más de 3,000 años. Los Shuar creen que la cabeza humana contiene un alma, y al reducirla, pueden encarcelar el alma del enemigo para evitar la venganza. Después de una victoria, los Shuar realizan una serie de rituales misteriosos, que incluyen banquetes y danzas, para asegurarse de que el alma no pueda escapar. Las cabezas reducidas se cosen en los ojos y la boca, se envuelven en tela y se entierran en una olla debajo de la choza del guerrero victorioso.

Los Shuar se enfrentaron al igualmente feroz ejército inca. Alrededor del 1450 a.C., las fuerzas incas, lideradas por Yupanqui, atacaron una provincia en el sur del reino de Quito. A pesar de que los soldados incas estaban bien entrenados, la técnica de reducción de cabezas de los Shuar les infundía miedo. Durante las batallas, los Shuar decapitaban a sus enemigos y, después de varios días de rituales, reducían las cabezas al tamaño de un puño, encarcelando efectivamente el alma del enemigo. Este proceso está lleno de misterio y horror, lo que lo hace difícil de creer.