En la primavera de 1815, Napoleón regresó a París y reorganizó el ejército francés. Los monarcas de Europa rápidamente formaron la Séptima Coalición, con el objetivo de derrotar a Napoleón de una vez por todas. Napoleón planeaba actuar con rapidez, con la intención de aplastar primero a las fuerzas anglo-prusianas. Sin embargo, los retrasos del mariscal Ney y el error de juicio del cuerpo de D'Erlon hicieron que el ejército francés perdiera oportunidades cruciales. Además, una tormenta repentina le dio a las fuerzas británicas un respiro muy necesario. El 18 de junio, estalló la Batalla de Waterloo, con Napoleón liderando personalmente la Guardia Imperial en la batalla. Sin embargo, las refuerzos británicos llegaron justo a tiempo para cambiar completamente el rumbo. Finalmente, Napoleón anunció su abdicación y comenzó su vida en el exilio.