En el año 1372 a.C., el faraón Amenhotep IV ascendió al trono de Egipto, abandonando las deidades tradicionales en favor del dios sol Atón. Para promover su nueva religión, trasladó la capital a Akhetatón, que se convirtió en un lugar sagrado para él y su reina, Nefertiti. Amenhotep IV cambió su nombre a Akhenatón y se dedicó por completo a la nueva fe, mientras que Nefertiti se convirtió en una pareja significativa en su vida. Sin embargo, este período de prosperidad fue breve, ya que Nefertiti desapareció de repente, dejando su destino como un enigma histórico. Después de 12 años de reinado de Akhenatón, él murió, y su sucesor Tutankamón puso fin a la adoración del dios sol, restaurando la antigua religión, y a partir de ese momento, el nombre de Nefertiti desapareció de los registros históricos.

La apariencia de Akhenatón era inusual, lo que llevó a los médicos a especular que podría haber tenido problemas endocrinos. Su reina, Nefertiti, era famosa por su belleza, como lo demuestran las obras de los escultores del antiguo Egipto. Algunos creen que Nefertiti no solo era la esposa de Akhenatón, sino también un pilar de su poder, con teorías que sugieren que podría haberse disfrazado de hombre para ayudar a su esposo. Con la muerte de Akhenatón, el misterio que rodea a Nefertiti se profundiza aún más.