En el antiguo Egipto, alrededor del 1500 a.C., la reina Hatshepsut rompió tradiciones al no solo reclamar el poder real, sino también declararse a sí misma como 'rey'. Durante su reinado, inició extensos proyectos de construcción, levantando numerosos templos y monumentos grandiosos, especialmente el Templo del Norte. Este templo, dedicado al dios de la vida, se encuentra en un acantilado en la ribera oeste del Nilo, con impresionantes columnatas de color gris-blanco. La imagen de Hatshepsut en las esculturas varía de esbelta a robusta, pero siempre irradia autoridad real. No solo usurpó el poder de su hijo, sino que también casi monopolizó todos los títulos honoríficos masculinos, con una excepción: 'Gran Toro'. A través de estas construcciones, Hatshepsut buscó promover sus logros y asegurar su legado.

Aunque el reinado de Hatshepsut carecía de logros militares significativos, mejoró su reputación mediante la construcción de templos. El arquitecto principal, Senenmut, fue responsable de diseñar y planificar, asegurando que cada deseo de la reina se cumpliera. El porche del Templo del Norte está adornado con relieves que celebran a Hatshepsut, mostrando su linaje, logros políticos y méritos. Sin embargo, tras la muerte de Hatshepsut, Tutmosis III restauró rápidamente el orden tradicional, borrando su nombre de los monumentos y destruyendo sus estatuas. Finalmente, Hatshepsut fue enterrada en el Valle de los Reyes, un honor raro en el antiguo Egipto.