En lo alto de los Andes en América del Sur se encuentra un lugar conocido como Tiwanaku, que ya estaba en ruinas antes del surgimiento del Imperio Inca. Esta ciudad es famosa por su intrincada arquitectura de piedra, y aunque sus habitantes han desaparecido, los restos aún asombran a los visitantes. Según los relatos de los españoles, los habitantes de Tiwanaku no tenían caballos ni ruedas, pero lograron transportar enormes piedras desde una cantera situada a 40 kilómetros para construir edificios increíbles.

El estilo arquitectónico de Tiwanaku es único, siendo las estructuras más grandes, Akapana y Kalasasaya, especialmente notables. Akapana es una estructura de piedra que se eleva a 15 metros de altura y cubre un área de 65 metros cuadrados. Kalasasaya presenta piedras colosales que pesan hasta 150 toneladas, adornadas con exquisitas tallas que desvelan los secretos de esta antigua civilización. Algunas de las tallas representan a un dios creador de piel blanca, que se cree llegó a Tiwanaku alrededor del año 500 d.C., trayendo habilidades y conocimientos avanzados.

Existen diversas especulaciones sobre la identidad de estos forasteros. Algunos creen que eran fenicios del Mediterráneo, mientras que otros sugieren que eran viajeros budistas de Asia. El académico noruego Thor Heyerdahl propuso que estos individuos blancos podrían haber emprendido un viaje transoceánico desde Perú en 1480, llegando finalmente a las islas polinesias. Teorizó que estos forasteros podrían haber sido los creadores de la civilización de Tiwanaku, dejando tras de sí innumerables misterios sin resolver con su llegada y partida.