El mitraísmo surgió en la antigua Persia en el siglo XV a.C., diseñado específicamente para los hombres más fuertes, quienes debían someterse a doce pruebas brutales para unirse. Los que calificaban se convertían en seguidores de diferentes niveles, simbolizando la ascensión del alma. Para el siglo II d.C., esta fe se había extendido por todo el Imperio Romano, atrayendo a soldados, marineros, comerciantes y esclavos. El mitraísmo promovía la disciplina, el valor y el sacrificio personal, contribuyendo a las repetidas victorias del ejército romano. Sin embargo, con el surgimiento del cristianismo, el mitraísmo enfrentó desafíos. En el siglo IV, el cristianismo se convirtió en la religión del estado, lo que llevó a la gradual declinación y eventual extinción del mitraísmo.
El Auge y Caída del Mitraísmo