El mitraísmo surgió en la antigua Persia alrededor del siglo XV a.C. Esta religión era exclusivamente para hombres, y solo los más fuertes podían superar los rigurosos rituales de iniciación. Antes de unirse, los candidatos debían soportar doce pruebas, que incluían fuego, agua, hambre, frío y azotes, con un proceso que duraba entre dos y siete semanas. Aquellos que calificaban se convertían en 'hermanos' y eran guiados por un 'padre', ascendiendo a través de rangos que simbolizaban la ascensión del alma al cielo. El mitraísmo se difundió ampliamente por todo el Imperio Romano, siendo especialmente apreciado por soldados y marineros por su énfasis en la disciplina, el valor y el sacrificio personal. Sin embargo, con el auge del cristianismo, el mitraísmo fue disminuyendo gradualmente, desapareciendo finalmente a finales del siglo IV.
El mitraísmo comparte muchas similitudes con el cristianismo; ambos creen en un salvador que desciende del cielo, expía los pecados mediante la sangre y resucita después de la muerte. Los sacerdotes mitraicos incluso realizaban bautismos para los conversos. Como resultado, los primeros cristianos consideraban el mitraísmo como una amenaza para su fe, lo que llevó a una serie de eventos que resultaron en la destrucción de los altares mitraicos. Finalmente, el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano, y el mitraísmo desapareció.