La civilización olmeca se remonta alrededor del 2000 a.C., pero esta antigua cultura desapareció 1500 años antes del surgimiento del Imperio Azteca. A menudo se les llama "el pueblo del caucho", ya que se cree que habitaron las regiones productoras de caucho a lo largo de la costa del Golfo de México. Los olmecas dejaron atrás muchas leyendas hermosas, como la historia de Quetzalcóatl y sus discípulos llegando en barco a México. Los restos arqueológicos de esta civilización legendaria se encuentran principalmente cerca del río Coatzacoalcos, particularmente en sitios como La Venta, San Lorenzo y Tres Zapotes, donde se han desenterrado numerosas esculturas típicas olmecas.
Entre estas, las más famosas son las colosales cabezas de piedra, que pesan hasta 30 toneladas y miden aproximadamente 1.8 metros de altura, talladas con intrincados detalles y proporciones faciales equilibradas. Muchas de estas estatuas exhiben características que recuerdan a hombres africanos, incluyendo cascos, bandas de mandíbula, perforaciones en las orejas, narices anchas y labios gruesos. Los arqueólogos han descubierto que, a pesar de la ausencia de personas negras africanas en las Américas hace 2000 años, los restos óseos dejados por los olmecas muestran rasgos africanos distintivos. Estas cabezas de piedra no son meros autorretratos; ocultan misterios sin resolver.
La academia tradicional sostiene que las Américas estaban aisladas del mundo exterior antes de 1492, pero algunos académicos sugieren que las estatuas olmecas podrían ser obra de los fenicios, quienes pudieron haber llegado a las Américas a través del Atlántico ya en el 1000 a.C. Sin embargo, no se han encontrado artefactos de estos fenicios en los asentamientos olmecas, lo que complica aún más los orígenes de la cultura olmeca. El ascenso y la caída de la civilización olmeca sigue siendo un enigma desconcertante para historiadores y científicos hoy en día.