Nínive fue una vez la magnífica capital del Imperio Asirio. Durante su apogeo en el siglo III a.C., no solo fue un centro cultural de Mesopotamia, sino también el lugar de predicación del profeta Jonás mencionado en la Biblia. Bajo el reinado de los reyes Senaquerib y Asurbanipal, los palacios y murales de Nínive estaban adornados con enormes esculturas en relieve que cronicaban la historia misteriosa y gloriosa de la humanidad. Sin embargo, en el 612 a.C., Nínive fue destruida por la coalición de los ejércitos neobabilonios y medos, desapareciendo en el polvo de la historia. Hoy, miles de años después, solo podemos vislumbrar el esplendor de esta antigua ciudad a través de las excavaciones de los arqueólogos.
Las esculturas de Nínive no solo muestran la grandeza del Imperio Asirio, sino que también revelan el arte y la sabiduría del mundo antiguo. Los relieves en el palacio del rey Senaquerib se extienden por 3,000 metros, representando escenas de guerra, mitología y la vida cotidiana. En la biblioteca del rey Asurbanipal, los estantes estaban llenos de tabletas de arcilla inscritas con escritura cuneiforme, documentando la historia, leyes, religión y literatura de la antigua Asiria, sirviendo como recursos vitales para estudiar la historia de esa época.