En 1963, el Dr. Machieu y su equipo de expedición desenterraron la antigua ciudad de Ebla en el desierto del noroeste de Siria. Después de quince años de arduo trabajo, descubrieron las puertas, muros, palacios, templos y muchas ruinas residenciales de la ciudad. Finalmente, encontraron el nombre de la ciudad—Ebla—inscrito en una estatua. En 1974, descubrieron 42 pequeñas tabletas de arcilla con escritura cuneiforme en el palacio, seguidas del hallazgo de miles de tabletas de arcilla. Estas tabletas revelaron el poder y la prosperidad de Ebla, demostrando sus estrechas conexiones con las regiones circundantes e incluso alterando las percepciones sobre la historia de la zona.
Esta colección de tabletas no solo es vasta en número, sino también rica en contenido, incluyendo relatos detallados sobre Siria y Palestina. Algunas de las tabletas presentan escritura inclinada, claramente obra de estudiantes, con correcciones hechas por los maestros cercanos. A través del estudio de estas tabletas, los expertos descifraron gradualmente la escritura cuneiforme de Ebla, revelando la gloriosa historia de esta antigua ciudad. Ebla fue finalmente conquistada por los acadios alrededor del 2300 a.C., y después de soportar muchas pruebas, se convirtió en una ruina hasta su redescubrimiento por arqueólogos modernos.