Ur de los Caldeos, ubicada en la confluencia de los ríos Tigris y Éufrates, fue una vez la cuna de la civilización sumeria y fue testigo del nacimiento de Abraham. En el siglo IV a.C., la gloriosa ciudad finalmente desapareció en el polvo de la historia debido al sedimento en el delta del Éufrates. En 1920, el Sir Leonard Woolley desenterró un misterioso "Pozo de la Muerte" en Ur, revelando la comprensión única de la muerte que tenían los antiguos habitantes de Ur.
La ciudad era vasta, cubriendo un área de siete kilómetros cuadrados. Aunque se desconoce la población exacta, los artefactos de oro y plata encontrados indican que Ur fue una vez un lugar próspero. La exquisita diadema de la reina Shubad y un laúd de siete cuerdas con forma de toro encontrado en su tumba atestiguan el alto nivel de artesanía de la época.
En las tumbas reales de Ur, Woolley descubrió una gran cantidad de reliquias preciosas, que incluían no solo hermosas joyas e instrumentos musicales, sino también restos de carros y equipos de juego. Particularmente notable es la gran tumba conocida como la "Tumba de la Reina Shubad", que contenía no solo a miembros de la familia real, sino también a docenas de asistentes voluntarios que eligieron ser enterrados junto a ellos. Las posturas serenas de estos asistentes sugieren que estaban pacíficamente dormidos, aunque los expertos tienen opiniones diferentes sobre la causa de sus muertes.
A través del estudio de los restos de estos asistentes, el Sir Woolley y su equipo especularon que estos sacrificios pudieron haber seguido voluntariamente a la familia real, aunque también podrían haber sido asistentes de sacerdotes o sacerdotisas. El análisis químico de las sustancias encontradas en pequeños vasos indica que algunas mujeres pudieron haber ingerido pociones con plata antes de sus muertes. Aunque la verdad sigue siendo un tema de debate, la calma que mostraron estos asistentes ante la muerte es, sin duda, admirable.