En la Bahía de Pisco, al sur de Lima, la capital de Perú, se erige una imponente pared de roca roja adornada con un enorme diseño de tridente. Cada punta mide 3.9 metros de ancho y está tallada en piedra blanca dura, capaz de brillar intensamente por la noche si no está cubierta de arena. El verdadero propósito detrás de la creación de esta escultura por los incas sigue siendo un misterio sin resolver.

Algunos especulan que podría haber servido como un marcador de navegación para los barcos. Sin embargo, la mayoría de los arqueólogos son escépticos. Argumentan que, debido a las limitaciones geográficas y de visibilidad, una escultura tan grande no garantizaría que todos los barcos pudieran verla. Además, la existencia de la navegación de larga distancia en esa época también es cuestionable. Si realmente se necesitaba una guía de navegación, las islas cercanas podrían haber sido una opción más práctica, ya que están alineadas con el diseño del tridente y podrían ser vistas desde lejos. En contraste, la dirección de la escultura del tridente apunta hacia el cielo, aparentemente careciendo de cualquier propósito práctico de navegación. Para añadir a la confusión, no hay nada alrededor de la escultura excepto una playa, lo que dificulta atraer la atención de los barcos que pasan.